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Contaba éste en sus orígenes con una mayor extensión que la actual y tenía además de jardines, un invernadero, un botánico, una ría, un estanque y una gruta. Para su ornamentación se trajeron especies arbóreas originarias de los cinco continentes que habían sido introducidas desde el desarrollo de la navegación oceánica. Son especies que se ponen de moda en los grandes jardines que comienzan a crearse en Andalucía tras la Guerra de la Independencia contra los franceses y cuyo ejemplar más notable lo constituye lo que hoy es el Parque de María Luisa de Sevilla construido entre 1830 y 1849 donde se contabilizan algo más de ciento diez especies de árboles diferentes.
La base de la masa arbórea del "Recreo de las Cadenas" estaba compuesta en sus orígenes por los almeces (Celtis australis. L) característicos de la región mediterránea y considerada como una de las especies de árbol ornamental más preciadas dentro de la flora de la región por la opulencia de su porte que adquiere grandes volúmenes y alturas, marcando así el nivel o grupo de los grandes árboles del Parque, que comparte con otras especies como eucaliptos (E. camaldulensis. D.) y casuarinas (C. equiserifolia. L.). En este nivel de especies de gran altura era destacada la presencia de las palmeras datileras, con cerca de treinta metros.
En un segundo nivel de altura, la base la constituyen los aligustres o durillos (Ligustrun japonicum trumn.) originarios de China y Japón y los brachiciton (Sterculia diversifolia), árboles que comienzan a adquirir importancia ornamental a principios del siglo XIX y que luego se han convertido en especies muy extendidas por los parques y jardines de la región.
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A finales de los años sesenta y durante toda la década de los setenta, el Parque y sus jardines, después de casi cien años de existencia, pasan por unos años de abandono y pérdida de algunos ejemplares de árboles y gran parte de sus jardines. Sin embargo, es posible pensar que la conformación y cuidado de estos jardines ha pasado por otros ciclos de abandono o desigual conservación y renovación, en particular en los años de cambio en la propiedad del Recreo. Las obras de restauración que se llevan a cabo después de ser adquiridas en 1975 por el Ministerio de Información y Turismo supondrán importantes cambios en el Parque en cuanto a su extensión y distribución, siendo entonces cuando se dibuja y estructura el que hoy conocemos.
El conjunto arbolado del Parque lo componen un total de algo más de cientro treinta ejemplares representando a treinta y cinco especies diferentes procedentes en su mayoría de la foresta mediterránea y en menor medida de especies originarias de los trópicos y las zonas templadas. La masa arbórea en especial corre el peligro de verse mermada ante el azote de las plagas y la muerte por heridas y daños en troncos y raíces, lo que afecta principalmente a los ejemplares de mayor edad, los más valiosos. Por otra parte, en la plantación de nuevos árboles en el Parque se ha abusado de especies de poco interés ornamental (entre la que sólo destacan unos jóvenes cedros y alguna jacaranda).
La disposición del Parque en la actualidad se organiza, en su parte frontal, entorno a una superficie de forma triangular esférica cubierta de césped que contiene casi en el centro la alberca y la fuente. Igualmente, cuenta con un grupo de árboles en el que destaca un lames viejo de gran altura y una jacaranda, también muy desarrollada, así como un arbusto de singular rareza, el Erythrina cristagalli, junto a la alberca Los caminos que quedan a sus bordes dividen el Parque por este extremo en dos márgenes que llegan hasta los límites del mismo. El margen derecho empieza con pequeños árboles, como las moreras del Japón y las acacias, para continuar con árboles más altos en las cercanías del Palacio, como los eucaliptos y los cipreses. En la orilla opuesta, el Parque adquiere un aire más oriental con especies como los naranjos en el sustrato bajo y los aligustres en el estrato de árboles de altura media.
En los bordes del edificio de la R.E.A.A.E., el Parque mantiene dos composiciones diferentes: una que se extiende entre ese edificio y la hilera de casas construidas en parte de la fachada que da a la avenida, en el que predominan los árboles jóvenes de reciente plantación entre los que se encuentran moreras, sóforas del Japón y el árbol del paraíso. La otra composición se dibuja entre aquel edificio y la Casa del Príncipe, en la que predominan árboles más viejos y más altos como son almeces, palmeras y eucaliptos, ya en las proximidades de la Casa del Príncipe.
Del conjunto de la masa arbórea destaca la presencia de ombús (también conocidos como zapotes o bellasombras) originarios de Sudamérica (Argentina, Uruguay y parte de Brasil). Exposición Iberoamericana de Sevilla 1929 de Sevilla fue el momento en el que esta especie se planta en Sevilla y en Jerez, pudiendo afirmarse que estos árboles son raros dentro de la arboleda de la ciudad (en la Alameda Vieja y otros lugares en ejemplares aislados o en poco número). De las regiones de Australia, en las antípodas de la nuestra, están presentes en el Parque dos especies singulares: una se conoce como el árbol del fuego (Grevillea robusta. Cunn.), introducido en Europa hacia 1.800 por C. Creville y originario de Queensland; y la lagunaria o pica pica (Lagunaria paterson II. Dom.), de la que sólo existe un ejemplar en el Parque del Recreo de las Cadenas, una especie de carácter ornamental por sus flores de color rosa en primavera y traída desde las Islas Norfolk.
Entre los árboles que destacan por su tamaño y antigüedad, se señalan un almez situado entre la fuente y la puerta de entrada (necesitado de cuidado por los desgarres producidos en sus grandes ramas que afecta a gran parte del tramo de base del árbol), algunos ejemplares del árbol del amor, jacarandas, brachichitos, falsos pimenteros, casuarinas y eucaliptos entre otros. Las palmeras canarias que en los orígenes del Parque eran algo más numerosas que en la actualidad, crean con su agrupamiento un pequeño oasis en uno de los rincones del norte de la finca, por otra parte, necesitado de cuidado de conservación.
De exquisito gusto son las palmeras chamaerops, al pie de las escaleras de las fachadas delantera y trasera, que confieren un singular lujo ornamental.
Sin embargo, la mayor rareza botánica del Parque es la Eritrina cristagallis o cresta de gallo: un arbusto de troncos acorchados cuyas flores de primavera de color rojo, con forma de cresta (de ahí su nombre) y representadas en racimos, conceden a esta especie una singular belleza florística. De esta especie existen en el Parque un ejemplar adulto, que ha crecido junto a la fuente dibujando sus ramas una espléndida silueta (conseguida por una sabia poda), y otro joven en la fachada delantera del Palacio.
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